La pregunta se repite en consultorios, redes sociales y conversaciones de cocina: ¿cuál sal es la más saludable? ¿La marina? ¿La rosada del Himalaya? ¿La refinada? ¿La que tiene menos sodio?
La respuesta no es tan simple como elegir un color o un origen exótico. Depende de varios factores: tu estado de salud, tus necesidades nutricionales, cómo cocinas y qué buscas en la sal que usas.